quedó quieto.
Miró brevemente el calendario de su teléfono.
—Clara…
—Tres años.
—Lo siento. Con lo del avión se me ha pasado completamente.
Ella asintió.
—No importa.
Él pareció aliviado.
—Sabía que lo entenderías.
Clara lo observó un instante.
Siempre había entendido todo.
Sus ausencias.
Su frialdad.
Las cenas canceladas.
Los cumpleaños olvidados.
Y cuanto más comprensiva era, menos necesitaba él esforzarse.
—Gabriel, mañana quiero hablar contigo de algo importante.
—¿No puede ser ahora?
El teléfono de él vibró.
En la pantalla apareció el nombre de Elena.
Gabriel contestó inmediatamente.