Durante tres años hice creer a un hombre con amnesia que yo era su esposa… el día que recuperó la memoria, huí embarazada con nuestros dos hijos

clínica privada controlada por su familia.

Mi enamoramiento secreto.

Mi estupidez.

El primer día.

La semana siguiente.

Cada ocasión en que pensé confesar.

—Al principio creí que solo necesitaba mantenerlo lejos de su tío hasta que se recuperara.

—Entonces podrías haber dicho que eras una amiga.

—Sí.

—Una asistente.

—Sí.

—Una persona que lo conocía.

—Sí.

—Pero elegiste esposa.

—Sí.

Grace me miró con decepción.

Eso dolió más que si hubiera gritado.

—Nora, haber tenido miedo por él no te daba derecho.

—Lo sé.

—Estar enamorada tampoco.

—Lo sé.

—Y