modos.
Si alguien escucha nuestra historia y dice:
—Qué romántico, fingiste ser su esposa y al final realmente te convertiste en ella.
Yo siempre corrijo:
—No.
No fue romántico.
Fue una decisión irresponsable que causó daño.
Lo romántico —si queremos usar esa palabra— ocurrió mucho después.
Cuando él recuperó toda la información que yo le había negado y tuvo libertad real de irse.
Cuando yo dejé de huir.
Cuando nos conocimos de nuevo.
Cuando él preguntó antes de tocarme.
Cuando yo aprendí que un “no” no significa abandono.
Cuando ambos