Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

algo que la pone en peligro…

—Ya estoy en peligro. Sophie también. La diferencia es que ahora quiero saber de quién.

Marco miró a Dante, esperando que explotara.

Dante no lo hizo.

Solo me observó durante unos segundos.

—Su esposo —dijo al fin—. Miguel Morales no murió por error de identidad.

La cámara de ladrillo pareció quedarse sin aire.

Yo lo miré.

—¿Qué?

—No fue una bala equivocada.

Mi voz salió apenas.

—Usted… ¿usted lo sabía?

Dante no apartó la mirada.

—Lo supe después.

—Después de qué.

—Después de que