Mi hija le pidió prestado su perro al jefe de la mafia porque un hombre tocaba su ventana por las noches

entrar en la oscuridad cuando mi hija señaló el lugar por donde escapaba su miedo.

Aquella noche empezó con tres golpes en una ventana.

Pero terminó años después, con otra clase de sonido:

la risa de Sophie en la cocina.

Las uñas de Bruno sobre el suelo.

La caja musical de Miguel.

Y Dante, en la puerta, preguntando antes de entrar.

Porque algunas familias no nacen limpias.

Nacen en medio de tormentas, secretos y sangre.

Pero si tienen suerte, si tienen valor, si tienen un perro lo bastante terco para