Cuatro años después del divorcio descubrí que mi exesposa había criado sola a nuestros gemelos… y que mi propia madre la ex-pul-só mientras estaba em-ba-razada

—Sí.

—Entonces ve.

—¿Y tú?

—No.

—Claro.

—No todavía.

Vi a Evelyn.

Había perdido peso.

No cabello aún.

Cuando entré al hospital lloró.

—Sebastian.

—Hola.

—Pensé que no vendrías.

—Yo también.

Hablamos poco.

Hasta que dijo:

—Quiero conocerlos antes de morir.

Me tensé.

—No estás muriendo.

—Todos lo hacemos.

—No uses eso.

—No lo hago.

Pausa.

—Solo sé que quizá no tengo tantos años como creía.

—No depende de mí solamente.

Dije.

—Son tus hijos.

—También de Clara.

El rostro de mi madre cambió.

—Ella nunca va a aceptar.

—Entonces