Di un paso.
—Necesito una explicación.
Ella soltó una risa sin alegría.
—¿Una explicación?
—Sí.
—Hace cuatro años tu madre me obligó a firmar el divorcio.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—Una semana antes descubrí que estaba embarazada.
Clara me miró directamente.
—Fui a hablar con Evelyn Reed.
Sentí frío.
—¿Y?
—Me dijo que la familia Reed no necesitaba hijos nacidos de “una muchacha sin apellido”.
Mi garganta se cerró.
—No sabía que estabas embarazada.
—Claro que no.
—Clara…
—Me ofreció dos millones para desaparecer.
—¿Los aceptaste?
Su expresión fue peor