pregunto si hice lo correcto al irme.
—Irte sí.
Levantó la mirada.
—¿Qué?
—Irte de aquella casa.
Sí.
Pausa.
—Ocultar a los niños, no.
Ambas cosas pueden ser verdad.
Clara asintió.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque durante años tuve miedo de admitir que una parte de mi decisión sí fue correcta.
Pensé.
—Yo también.
—¿Cuál?
—Haber dejado a mi madre fuera de nuestras decisiones.
Demasiado tarde.
Pero correcto.
Nos reímos.
Después quedamos en silencio.
A veces, cuando alguien conoce solo el resumen de nuestra historia, dice:
—Qué romántico. El CEO descubre