miro aquella primera fotografía que Daniel puso frente a mí, veo algo distinto.
Antes veía dos niños que se parecían a mí.
Ahora veo a una mujer caminando con uno a cada lado.
Sola.
Cansada.
Pero de pie.
Y también veo algo que la fotografía no mostraba.
A un hombre fuera del encuadre.
No porque no existiera.
Porque no había estado allí.
Después entré.
Tarde.
No como dueño.
No como salvador.
Como padre.
Primero torpe.
Después mejor.
Como exmarido.
Después compañero.
Y, mucho más tarde, marido otra vez.
Si pudiera