palabra.
No había que perderla.
El niño permanecía como pieza central.
¿Por qué estaba allí?
¿Cómo conocía a Lila?
¿Había estado cerca de la casa?
¿Había visto algo desde una ventana?
¿Trabajaba alguien que conocía?
¿Había recibido comida de esa casa?
Ninguna respuesta.
Incluso su condición de niño sin hogar, como la describe la fuente, añadía vulnerabilidad.
Si decía la verdad y alguien sabía que había visto algo, podía estar en peligro.
Si estaba equivocado, seguía siendo un niño asustado.
Vincent tenía dos responsabilidades.
Su hija.
Y descubrir qué sabía