Mi prometido olvidó colgar la videollamada y escuché cómo planeaba dejarme sin casa después de la boda… así que cambié el guion de la ceremonia

—Estaba pensando en aquella boda.

—Qué forma de arruinar fresas.

Me reí.

—¿Sabes qué fue lo más extraño?

pregunté.

—Qué.

—Adrian pensaba que tener tres hijos me hacía débil.

Daniel tomó una fresa.

—Error de cálculo.

—No.

Pensé.

—Sí estaba cansada.

Tenía miedo.

Quería estabilidad.

En eso acertó.

Pausa.

—Lo que no entendió fue que necesitar algo no significa aceptar cualquier precio.

Daniel asintió.

—¿Y si no hubiera olvidado colgar?

preguntó.

Me quedé callada.

A veces todavía pensaba en eso.

¿Me habría casado?

Sí.

Probablemente.

¿Habría firmado?

Quiero decir que