Un joven de 18 años sentía tanta vergüenza de su padre, que pesaba 201 kilos, que incluso prohibía a sus amigos entrar en su casa y no permitía que nadie tuviera contacto con él. Su padre había engordado tanto que ya no podía caminar, bañarse ni siquiera ir al baño sin ayuda. Un día, delante de los vecinos, el muchacho gritó: «¡Me das asco! ¡Has arruinado toda mi vida! ¡Ojalá nunca hubiera tenido padre!». Pero lo más aterrador ocurrió tres días después, cuando todo el vecindario quedó sumido en el luto…

colocado una fotografía de su padre cuando era joven junto a la imagen de su madre, recordando la familia que habían sido en otro tiempo.

Pero las palabras crueles de Daniel no habían sido simplemente una actuación.

Realmente había estado desesperado.

Después de perder a su madre, había pasado años prácticamente solo, cuidando de un padre que se había vuelto cada vez más dependiente de él.

Su agotamiento se había convertido en ira, y aquella ira había terminado saliendo en forma de palabras terribles.

Pero nunca había dejado de amar