A las ocho nos trasladamos a la sala multimedia.
No le había contado a nadie lo del reportaje. Solo a Megan —porque a ella no se le podía ocultar información a la que tenía derecho—, pero nadie más lo sabía.
Comenzó el programa especial.
Primero aparecieron otras casas. Casas hermosas: una restauración de estilo victoriano en Vermont, una propiedad de mediados del siglo XX en California, una residencia frente al agua en Maine. Cada una de ellas era un trabajo que merecía, sin duda, la atención que estaba recibiendo.
Entonces,