Solo una lástima profunda y vacía.
Y en ese instante, un pensamiento que había enterrado bajo un año de bourbon caro y distracciones corporativas surgió en mi pecho con una claridad aterradora. ¿Y si ella sabe algo que yo no sé?
Esa tarde, conducía mi camioneta negra por las carreteras secundarias al sur de Nashville con mi prometida, Tessa Whitmore, en el asiento del copiloto. Faltaban tres semanas para nuestra boda. Los periódicos de sociedad decían que mi vida finalmente se había recuperado. El desagradable divorcio era cosa del pasado.