“Valeria.”
No intentó encantarla.
No hizo preguntas indiscretas.
Simplemente la ayudó a guardar el cochecito, recogió la muñeca de Sofía cuando se cayó al suelo e hizo sonreír a la niña doblando una servilleta en formas divertidas.
Por primera vez en mucho tiempo, Valeria sintió que podía respirar sin miedo.
El vuelo estaba completo.
Empresarios, turistas, estudiantes y familias llenaron todos los asientos.
Pero a medida que pasaban los minutos, Valeria empezó a notar algo extraño.
Varios pasajeros no podían dejar de mirar a Alejandro.
Un joven al otro lado