cada rato!
Detrás de su voz escuché algo que me heló la sangre.
Olas.
Risas de una mujer joven.
Y el sonido de dos copas chocando.
—Amor, ven, que se está enfriando el champán —dijo una voz femenina.
Reconocí inmediatamente aquella voz.
Era Daniela Montes.
La asistente personal de mi esposo.
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