sentarse.
Comenzó a reírse sola. Una risa cansada, amarga y sincera. Entonces Amir salió del baño con una camisa blanca.
—¿Qué pasó?
—Me mataron tus de princesa —respondió ella.
Él la miró unos segundos y soltó una carcajada. Una risa verdadera, cálida, sin burla. Por primera vez desde que lo conocía, Mariana sintió que él también era humano, y no solo la imagen perfecta que intentaba proyectar.
La otra cara de la riqueza
En los días siguientes, Mariana empezó a ver el lado oculto de la vida de Amir. Sí,