mientras estaba en el extranjero. Cuando supe que había perecido en el incendio que consumió su estudio, sentí como si una parte de mí hubiera muerto con él. ¡No tenía ni idea de que había dejado una hija… y, peor aún, que esa hija trabajaba como criada en mi propia casa, sin que yo lo supiera!
La noticia me cayó como un rayo. Todos los años que había soportado —la humillación, las penurias, las noches en las que me quedaba dormida con la espalda dolorida de tanto limpiar—, todo habría