centro de protección infantil.
Las tres tenemos nuestras profesiones, nuestras familias y nuestros propios hijos.
Y una parte de todo eso se la debemos a usted.
Nuestro padre le salvó la vida aquella noche.
Y durante los siguientes treinta años, usted nos ayudó a construir las nuestras.
Nos gustaría visitarlo y abrazarlo por primera vez».
No pude seguir leyendo.
Mis lágrimas caían sobre el papel.
Mi padre permanecía sentado en silencio.
Me acerqué y lo abracé con todas mis fuerzas.
—Papá, ¿por qué nunca se lo contaste a nadie?
Me