un sobre blanco y se lo entregaba a mi madre.
Cuando era niña, suponía que era dinero para los gastos de la casa.
Sin embargo, al hacerme mayor, empecé a notar que mi madre siempre se entristecía después de recibir aquel sobre.
A veces incluso lloraba.
Y mi padre le decía:
—Linda, hicimos un trato. No vuelvas a sacar este tema.
Y mi madre guardaba silencio.
Pero aquel domingo todo cambió.
Mi padre había salido al jardín y yo estaba ayudando a mi madre en la cocina.
De repente, me