Luego se quitó su costoso reloj.
Lo colocó suavemente sobre la mesa.
“Gasté millones en cosas que no necesitaba.”
Miró a Noé.
“Pero me perdí nueve años que nunca podré recuperar.”
Noé lo miró fijamente.
“Entonces… ¿te vas a ir otra vez?”
Los ojos de Daniel se llenaron de lágrimas.
“No.”
Tomó la mano de su hijo.
“Esta vez no.”
Afuera, la lluvia empezó a golpear el viejo techo.
Pero dentro de esa pequeña casa, algo finalmente había cambiado.
Daniel había llegado esperando encontrar una ex esposa viviendo en la