manera.
Owen me abrazó.
—No estoy enfadado contigo, mamá. Pero quiero saber más cosas sobre él.
Lo abracé con fuerza.
—Te lo contaré todo. Las cosas bonitas y las difíciles. No volveré a ocultarte la verdad.
Entonces Owen se volvió hacia Frank.
—¿Puedo llamarte abuelo?
Mi padre empezó a llorar.
No fue un llanto silencioso ni contenido. Fue el llanto de un hombre que, después de pasar años construyendo muros para protegerse, acababa de descubrir que aquellos muros también lo habían separado de las personas que más necesitaba.
—Si tu