rápidamente.
Hubo reuniones, declaraciones y meses de incertidumbre.
Pero, por primera vez, la historia de Daniel dejó de depender de rumores y secretos familiares.
Yo no regresé a Albany para destruir a mi padre.
Regresé porque Owen merecía conocer su historia y porque Daniel merecía que su voz fuera escuchada.
Durante aquel año, mi relación con Frank cambió lentamente.
No fue un milagro.
No hubo una sola conversación capaz de borrar diez años de abandono.
Al principio, Owen y yo visitábamos a mis padres una vez al mes. Después comenzaron