tenerte aquí, a solas conmigo.
Se me encogió el estómago.
—¿Qué significa eso?
Me agarró de los hombros.
—Tu madre nunca debe saber lo que pase aquí esta noche.
Intenté apartarme.
—¡Me estás asustando!
—¡Escúchame de una vez!
Su voz era tan fuerte que empecé a llorar.
Entonces, por fin, me explicó lo que ocurría.
—Emily, mi empresa está acabada. Le debo muchísimo dinero a alguien.
Lo miré fijamente.
—¿Cuánto?
—Casi trescientos mil dólares.
No podía creerlo.
¿Trescientos mil dólares?
—¿Por qué no se lo dijiste a mamá?
—Porque me