pasaba nada.
A veces, los gestos más pequeños significan mucho más para quien los recibe que para quien losofrece. Levantó la cuchara y probó la sopa.
Tras un momento, cerró los ojos.
—Es maravillosa —susurró.
—Gracias —respondí—. Es la receta de mi madre.
Luego regresé al mostrador, situado bajo su fotografía.
Mientras lo observaba disfrutar de su almuerzo, recordé la promesa que le hice junto a su cama de hospital, dieciocho años atrás.
Durante un tiempo, había permitido que aquella promesa quedara sepultada bajo informes financieros, planes de expansión y