dura.
– Claire -dijo ella-. “Escuché lo que le dijiste a tu padre”.
Esperé.
“Dijeron que era la salsa”, continuó. “Lo dejé fuera demasiado tiempo, y luego lo recalenté. Los hijos de Vanessa comieron la mayor parte”.
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No dije nada.
Mi madre olfateó. “Podría haberlos matado”.
– Sí -dije-.
El silencio después fue pesado.
Entonces ella dijo: “Deberías haberte quedado”.
Una risa cansada se me escapó. “¿Eso es lo que quieres decir?”
“Estaba asustada”.
“Mis hijos estaban hambrientos y humillados en vuestra casa.”
“Estaban bien”.
– No,