límite claro sobre mi dinero y mi dignidad. Él estaba esperando que se me pasara la «molestia» para volver a la comodidad de siempre. Y mientras esa diferencia siguiera intacta, cualquier disculpa o cambio de conducta sería temporal.
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La conversación ya no podía devolverse al punto donde una sola persona pagaba la cuenta de todos y los demás fingían que era normal. El límite había quedado claro y la lección había sido aprendida, aunque dolorosamente para algunos.
En los días siguientes, la familia de