quería ser la solución fácil. Quería ser tu esposa y sentarme a la mesa como cualquier otra persona, sin calcular cuánto terminaría pagando por los caprichos de los demás.
Poner un límite no siempre requiere gritos o rupturas. A veces basta con dejar de cubrir una consecuencia que nunca te correspondió pagar. Aquella noche yo no quise castigar a nadie; quise comprobar si realmente valoraban mi presencia o mi billetera. La respuesta estuvo frente a todos cuando llegaron las cuentas separadas. Y desde entonces, nadie en esa familia vuelve a