tenido el mejor rendimiento del grupo.
Mi padre me había pedido que hablara.
Subí al escenario.
Miré la sala.
Durante muchos años había pensado que mi mayor contribución a aquel imperio había sido facilitar que Ethan construyera el suyo.
Qué poca imaginación había tenido.
Hablé de equipos.
De responsabilidad.
De saber distinguir confianza de ausencia de controles.
No mencioné a Ethan.
No era necesario.
Al final dije:
—El acceso no es propiedad.
La frase salió sola.
Mi padre sonrió.
—Y recibir una oportunidad no significa que uno sea dueño de