pareció asustarlo más que cualquier otra frase.
—No puedes saberlo en una noche.
—No empezó anoche.
—¿Desde cuándo?
Pensé.
—Desde que Sophie empezó a llamarte después de medianoche por cosas que no eran urgentes.
»Desde que empezaste a contestar siempre.
»Desde que le compraste un teléfono nuevo porque “rompió el suyo”.
»Desde que cada vez que yo decía que estaba cruzando límites tú respondías que ella era joven, nueva, sensible o torpe.
—Ella trabaja directamente conmigo.
—Yo también trabajaba en tu empresa.
—No es lo mismo.
—Exacto.
Sonreí.
—Conmigo estabas