estoy empezando nada.
—Estás enfadada.
—No.
—Claro que sí.
Sonrió con cansancio.
—Siempre haces esto.
Mi mano se detuvo.
—¿Siempre hago qué?
—Cuando estás celosa dices que no quieres verme.
»Después duermes enfadada y mañana se te pasa.
Me miró como si me conociera mejor que yo misma.
—Voy a resolver esto y vuelvo.
—Si sales por esa puerta, no vuelvas.
Entonces sí me miró con atención.
—Natalie.
—Hablo en serio.
—No seas infantil.
La palabra me hizo sentir algo muy extraño.
No rabia.
Claridad.
—No estoy enfadada.
—Sí lo