decisión con la información emocional que ya tenía.
Después llegaron las pruebas.
Las disculpas.
El arrepentimiento.
El cambio.
Pero para entonces ya no eran la base de mi decisión.
Solo confirmaciones.
A veces pienso en la Natalie que se miró al espejo con el cuello manchado de vino.
Adrian secándole el cabello.
El teléfono sonando.
Él preguntando:
—¿Estás enfadada?
Y ella diciendo:
—No.
Él nunca creyó aquella respuesta.
Pero era verdad.
La rabia habría sido más fácil.
La rabia todavía quiere algo.
Una explicación.
Una disculpa.
Una reparación.
Yo no