Su respuesta llegó inmediatamente.
“¿Vas a hacer esto por 30,000 después de arruinar mi boda?”
Lo leí dos veces.
“Tu boda no la cancelé yo.”
Contestó:
“Melissa no habría terminado conmigo si tú no hubieras hablado.”
No respondí.
Después llegó:
“Además tú tienes casa propia. ¿Qué te cuesta ayudarnos?”
Aún no sabía que yo también tenía millones.
Y aun así ya creía que tener más convertía lo mío en disponible.
Bloqueé el número.
Patricia fue menos directa.
Ella prefirió el tribunal social.
Llamó a familiares.
Amigos.
Personas que conocía