Dos días antes de casarme gané la lotería. Esa noche mi prometido quiso regalarle mi casa a su hermano

primera vez entendí algo sobre Patricia.

No la perdonaba automáticamente.

Pero entendía.

A veces las personas convierten sus heridas en reglas para los demás porque admitir que podían haber elegido diferente les duele demasiado.

—Lo siento —dijo.

—Gracias.

—No espero que volvamos a ser familia.

—Bien.

Sonrió.

—Eso dolió un poco.

—Lo siento.

—No, no lo sientes.

—No demasiado.

Se rio.

Y, contra todo pronóstico, yo también.

No nos hicimos amigas.

Pero dejamos de ser enemigas.

Eso fue suficiente.

Casi tres años después de la boda cancelada volví a ver