“¡Papá, por favor, no llames al 911! Yo no hice nada.” Mi hermana lloró, él le creyó y dejó que la policía me esposara frente a toda la familia. Pasé 18 meses en prisión sin recibir una sola visita. El día que salí, no fui a casa: acepté una carpeta de mi abogado. Dentro había una grabación que mi padre jamás imaginó que seguía existiendo.

Santiago dejó de mirar

el teléfono.

La audiencia comenzó.

Primero presentamos el registro de ubicación de mi teléfono.

Después, el recibo de la farmacia.

Luego, una cámara exterior que mostraba mi automóvil entrando al estacionamiento exactamente a las 9:11 de aquella noche.

A las 9:14 alguien había iniciado sesión en la computadora de mi padre usando mis credenciales.

Yo estaba a casi 20 kilómetros.

Renata empezó a mover nerviosamente una pierna.

Después Tomás presentó el video que mi familia había usado contra mí.

Mostraba parte del pasillo y