en esto, que sea que ya no sufras por mi orgullo.
Al final, debajo de su firma, había una línea más.
Por favor, no confundas mi miedo con la ausencia de amor.
Doblé la carta con cuidado, como si unas manos bruscas pudieran dañar la única explicación que jamás iba a obtener.
Entonces hice algo que no me había permitido hacer en cinco años.
Lloré delante de alguien.
El gerente se quedó conmigo hasta que pude hablar.Me imprimió el historial de la cuenta y me explicó, línea por línea,