tarde contacté a una abogada especializada en asuntos patrimoniales.
Se llamaba Patricia Salazar.
Le envié copias de los documentos.
Dos días después nos reunimos en su despacho.
Patricia examinó cuidadosamente la supuesta renuncia.
—Mariana, necesitamos obtener el expediente original y verificar cómo se formalizó este documento.
Asentí.
—Yo nunca lo firmé.
—Entonces habrá que investigar la autenticidad de la firma y las circunstancias de la operación.
Después revisó los registros de la propiedad.
Su expresión cambió.
—Esto es interesante.
Me incorporé.
—¿Qué encontró?
Patricia señaló una fecha.
—La propiedad fue