abuela me pidió que guardara algo para ti.
Me incorporé.
—¿Qué cosa?
—Una carta y una grabación.
Sentí que el corazón comenzaba a latir violentamente.
—¿Por qué nunca me las entregaste?
Teresa comenzó a llorar.
—Porque tu madre me dijo que habías rechazado cualquier contacto relacionado con el testamento.
Cerré los ojos.
Otra mentira.
—Teresa, nunca rechacé nada.
—Lo sé ahora, cariño.
Su voz se quebró.
—Y necesito que escuches lo que Elena dejó grabado antes de morir.
Nos encontramos al día siguiente en una cafetería.
Teresa llevaba un pequeño