que tú debes saber antes de aceptar cualquier documento relacionado con mi casa».
Sentí que las lágrimas comenzaban a correr por mis mejillas.
Continué leyendo.
«La casa no es mi único patrimonio.
Hace muchos años invertí en una pequeña empresa tecnológica que después creció muchísimo.
Nunca vendí mi participación.
Y he dejado instrucciones para que esos activos se administren en beneficio de mis nietos».
Me quedé completamente inmóvil.
Mi abuela había sido maestra de primaria.
Nunca habló de inversiones importantes.
Teresa me observó.
—Sigue leyendo.
Bajé nuevamente la mirada.
«Mariana,