estaba haciendo algo bueno.
Hasta que Naomi escuchó por casualidad una conversación entre el director del instituto y un representante de la fundación.
—El señor Calloway insiste en que su nombre no aparezca por ninguna parte.
Aquella noche sonó el teléfono de Preston.
—¿Ahora también has decidido comprar mi silencio? —preguntó Naomi.
—No quería hacerte daño.
—Pues llevas cinco años haciéndomelo.
Preston tragó saliva.
—Me he enterado de lo de los niños.
Naomi no dijo nada.
—Necesito saber si son míos.
—¿Ahora necesitas saberlo? ¿Después de todo lo que pasó?