Naomi asintió.
—Nacieron a las treinta y una semanas. Theo pesó algo menos de un kilo seiscientos gramos. Eli apenas llegó al kilo cuatrocientos.
Pasó lentamente a la siguiente fotografía.
Naomi aparecía sentada junto a una incubadora, completamente agotada.
—¿Estuviste sola?
—Mi compañera Joanne venía siempre que podía. Y Frank, el panadero, me traía comida porque muchas noches no quería salir del hospital.
Preston volvió a mirar la fotografía.
—Debería haber estado allí.
—Sí —respondió ella sin vacilar—. Deberías haber estado.
Aquellas palabras le dolieron más que cualquier reproche.
—Cuando