se quedó mirando el cohete.
—Entonces, ¿por qué no estabas aquí antes?
Los ojos de Preston se llenaron de lágrimas.
—Porque cometí errores y hubo personas que impidieron que supiera de vuestra existencia. Pero vosotros no tuvisteis ninguna culpa.
Eli se quedó pensando.
—¿Vas a marcharte otra vez?
Preston se arrodilló delante de él.
—No voy a desaparecer. Aunque no pueda estar aquí todos los días, siempre podréis contar conmigo.
Eli lo abrazó.
Fue un abrazo pequeño, torpe y breve.
Pero para Preston significó más que todos sus éxitos profesionales