miró a Naomi, que caminaba unos pasos por delante con Theo.
Después levantó la vista hacia el cielo, que empezaba a oscurecerse sobre los tejados de Chicago.
—Aunque tenga mucho trabajo.
Y cuando Eli sonrió, Preston comprendió algo que ninguna fortuna le había enseñado.
Había dedicado la mitad de su vida a construir edificios para que otras familias tuvieran un hogar, mientras dejaba que sus propios hijos crecieran sin él.
Ahora, por primera vez, sabía cuál era su verdadero lugar.
No estaba en lo alto de un rascacielos.
Ni detrás