había reído.
«Quizá lo consiga antes de lo que crees».
En aquel momento interpreté sus palabras como una broma juvenil.
Ahora ya no estaba tan segura.
Dos días después obtuvimos información que vinculaba la operación financiera con una sociedad a través de la cual Daniel había acordado adquirir aquel apartamento.
Todavía había cuestiones por esclarecer, pero una cosa resultaba evidente: no se trataba de simples gastos de empresa.
Y parte de las garantías mencionadas afectaban a mis intereses económicos.
Aquella tarde conduje hasta la urbanización.
Me quedé esperando frente al