contra ellos.
Al salir, Noah nos abrazó a los dos.
—Gracias por venir.
—No me lo habría perdido por nada —dije.
Alexander respondió:
—Yo tampoco.
Noah nos miró.
—¿Saben? Cuando era niño, pensaba que una familia tenía que verse de una sola manera. Después pensé que la mía estaba rota. Ahora creo que solo fue… complicada.
Sonreí.
—Esa palabra nos queda pequeña.
—Muy complicada —corrigió.
Alexander rió.
Noah nos tomó de los hombros.
—Pero es mía.
Y esa frase bastó.
En la cena de celebración, Noah brindó.
No habló de