cumpleaños, sus caídas, sus triunfos.
Ese día también debía quedar registrado.
El día en que su padre lo vio por primera vez y no pudo negar la sangre.
Al terminar la ceremonia, los niños corrieron hacia sus padres.
Noah bajó del escenario con el diploma contra el pecho y una medalla colgando del cuello.
Cuando llegó a mí, su rostro se iluminó.
—Mamá, ¿tomaste muchas fotos?
—Todas las importantes.
Se inclinó para abrazarme.
Aún olía un poco a jabón infantil, aunque ya empezaba a tener esa altura torpe de los