toque de vainilla.
Por un instante, me detuve mientras lo removía.
Recordé a Daniel de pie en la cocina.
La botella oscura.
Las preguntas que no respondía.
La forma en que insistía en que sus decisiones siempre eran para mi beneficio.
Luego miré a mi alrededor en mi propia casa.
Nadie cuestionaba mi criterio.
Nadie me obligaba a seguir una rutina que no entendía.
Nadie tomaba decisiones sobre mi salud sin mi permiso.
Llevé la taza hasta la ventana y di un pequeño sorbo.
Tenía exactamente el mismo sabor que