no quedaría nada de ella.
Me quedé.
No sé si fue la curiosidad, la rabia o simplemente porque me temblaban tanto las piernas que no estaba segura de poder llegar hasta mi coche.
Me senté en el rincón más alejado del salón.
Mi anillo de matrimonio todavía estaba en mi dedo.
Lo miré y pensé en lo extraña que podía ser la vida.
Durante veintitrés años, puedes creer que estás construyendo un hogar al lado de alguien.
Y luego, en una sola noche, te das cuenta deque esa persona te