aquella vieja cocina, me parecía escuchar su voz:
“Come tú también, Diego. No puedes cuidar a los demás si te olvidas de ti.”
Nunca olvidé aquella frase.
Tampoco olvidé la lección que me dejó.
A veces creemos que estamos ayudando a alguien.
Y solo mucho tiempo después descubrimos que esa persona también estaba cambiando nuestra vida.
Carmen no necesitaba un limpiador.
Necesitaba saber si todavía podía confiar en alguien.
Y yo necesitaba encontrar a alguien que creyera en mí.
Al final, ninguno de los dos sabía cuánto nos necesitábamos.
Y