Mi esposo se divorció de mí porque decía que mi salario de 18 mil pesos lo hacía quedar mal frente a sus socios: “Necesito una esposa de mi nivel”. Yo no discutí; firmé y me alejé del juzgado. Pero antes de que pudiera marcharme, su director general apareció, pasó de largo junto a él y se inclinó ante mí: “Presidenta, la reunión comienza en 40 minutos”… nadie de su familia sabía mi verdadero cargo.

padre, yo había asumido la presidencia del consejo.

Pero al casarme pedí una licencia operativa.

Quería vivir un matrimonio normal.

Trabajaba algunas horas en la fundación familiar y recibía un sueldo mensual de dieciocho mil pesos por ese puesto. Era un salario real. Lo que Diego nunca preguntó era de dónde provenían mis acciones, inversiones o dividendos.

Tampoco investigó demasiado a mi familia.

Al principio eso me enamoró.

Pensé que me quería por mí.

Cuando conocí a Diego era gerente de ventas. Trabajaba muchísimo y tenía una ambición que todavía